La Palabra Hace la Diferencia
- Alberto Mario Ferrer Rodriguez
- 26 dic 2025
- 2 Min. de lectura
La Biblia en un año:
Hechos 2:14-47 / Deuteronomio 15-16 / Job 11
Salmo 119:78-80
"Sean avergonzados los soberbios, porque me agravian con mentira; pero yo en Tus preceptos meditaré. Vuélvanse a mí los que te temen y conocen Tus testimonios. Sea íntegro mi corazón en Tus estatutos, para que yo no sea avergonzado."
El salmista dice esto no solo por un sentido de la justicia de Dios, sino también por un sentido de haber sido agraviado personalmente. Estos soberbios son los que lo habían calumniado… sin causa; por tanto, debían ser avergonzados.
En contraste con los soberbios que amaban la mentira, el salmista amaba y meditaba en la Palabra de Dios.
El salmista reconocía la presencia de enemigos orgullosos, pero no creía que todos estuvieran en contra de él o de Dios. Había otros que temían a Dios y él podía encontrar compañía con ellos. Tenían mucho en común – ambos eran los que conocían la Palabra de Dios.
Cuando el salmista se comparaba a sí mismo con los soberbios que hablaban mentiras, aún reconocía su necesidad de una mayor obediencia a Dios. Le pedía a Dios, y dependía de Él, para un corazón y una vida obedientes.
Este es un deseo válido. El salmista quería vivir una vida vivida sin ser avergonzado. El deseo era no sentir vergüenza interior, porque estaba bien con Dios y no tenía vergüenza pública a los ojos de los demás. Su vida obediente (Sea mi corazón íntegro en tus estatutos) le conduciría a esta vida sin vergüenza.
Dios te bendiga, que en estas fechas sea tu ser consolado por la bondad del Señor, sea tu ser lleno de vida por Sus misericordias, sea tu ser vindicado por Él, sea tu corazón hallado íntegro, feliz Navidad, fuerte abrazo.
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