La Humildad Descansa en Dios
- Alberto Mario Ferrer Rodriguez
- hace 2 minutos
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La Biblia en un año:
1 Corintios 6 / 1 Reyes 19 / Amós 3:3-4:3
Salmo 131:1
"Señor, mi corazón no es soberbio, ni mis ojos altivos; no ando tras las grandezas, ni en cosas demasiado difíciles para mí;..."
Este breve salmo es una hermosa negación del orgullo, la arrogancia y la ambición egoísta. Es uno de los salmos más cortos para leer, pero uno de los más largos para aprender. Habla de un niño pequeño, pero contiene la experiencia de un hombre en Cristo.
David aprendió a rechazar el orgullo. David se presenta ante el Señor con humildad consciente. Entendía el principio explicado en Proverbios y citado dos veces en el Nuevo Testamento: Dios resiste a los soberbios, pero da gracia a los humildes.
David aprendió a rechazar la arrogancia. Bajo la influencia del orgullo, nos volvemos arrogantes y despreciamos a otras personas. Aunque David había logrado grandes cosas y tenía un gran destino frente a él, no andaba pensando en sí mismo como mejor que los demás.
David aprendió a rechazar la ambición egoísta, y eligió no perseguir cosas demasiado sublimes para él. No se enfocó en la promoción o posición por encima de lo que Dios había designado en la temporada actual. Jesús nos enseñó a aceptar un lugar inferior (Lucas 14:8-11) y esperar pacientemente a que Dios nos levante en Su sabiduría y en Su tiempo.
Esto también puede aplicarse a algunas actividades intelectuales o mentales que pueden convertirse en expresiones de orgullo. Con orgullo, podemos exigir conocer aspectos de la voluntad o la mente de Dios que no nos corresponden.
No tenemos que entenderlo todo, ni controlar todo, ni ser los más importantes, para el creyente es suficiente con descansar en el Señor.
Dios te bendiga, no te llenes de orgullo, ni mires por encima del hombro a quienes te rodean, no te metas en cosas que no te corresponden; congrégate, confía como un hijo y descansa en el Señor, fuerte abrazo.
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